La protección de la madera

Varios son los enemigos naturales de nuestros objetos de madera:

  • Los cambios de humedad.

La madera es higroscópica, esto es: atrapa o libera humedad del ambiente, y al hacerlo se encoge o crece y se curva.

Al contrario de lo que se suele creer no tiene porqué pasarle nada a la madera si ésta se moja: de modo natural irá liberando el agua absorvida en sus capilares hasta quedar de nuevo en equilibrio con la humedad ambiental. De hecho en diferentes procesos de la elaboración de los intrumentos musicales y espadas mojo sus superficies (como entre los lijados iniciales, para levantar el repelo). El mayor peligro por el contrario nos lo encontraremos cuando la humedad ambiental caiga mucho por debajo de la media en la que ha sido trabajada la madera, ya que esta se encogerá al perder agua pudiendo retorcerse y agrietarse peligrosamente. Los efectos se acentúan cuando los cambios son bruscos.

Este factor es especialmente crítico en los instrumentos musicales por lo que es de vital importancia evitar dejar nuestros preciados tesoros en lugares tales como maleteros de coche en días soleados, cerca de aparatos de aire acondicionado, en medio de corrientes de aire, etc.

En el caso de las armas de madera esto no resulta tan crítico, pero no deja afectarlas. Especialmente sensibles resultan las "alas" de las guardas de madera, debido a la disposición de su veta (la fibra de testa está más abierta al exterior y además su disposición se cruza con la de las tapas).

  • Los ataques de hongos e insectos xilófagos (comedores de madera).

Los hongos tiene un efecto mayomente estético al crear manchas sobre la madera, mientras que el peligro de los xilófagos es obvio, aunque difícilmente van estos insectos a elegir nuestra guitarra o nuestra espada teniendo tanta madera vieja a su disposición en bosques y casas antiguas ¿verdad?. Por otro lado, la mayor parte de las maderas tropicales se protegen bien por sí mismas de estos ataques.

  • La erosión, abollauras y grietas por roces y golpes.

Sobran comentarios. Bueno, tan sólo un par:

  1. Las guitarras y demás instrumentos musicales se abollan y se arañan, y a malas, en el peor de los casos: se rompen. Qué se le va a hacer, si las tocas (y para eso son) es probable que de vez en cuando les ocurra, es ley de vida.
  2. Las espadas y sables se abollan, se arañan, y a malas, en el peor de los casos: se rompen. Qué se le va a hacer, si las usas (y para eso son) es probable que de vez en cuando les ocurra, es ley de vida.

Los acabados

Así pues, los acabados son convenientes para proteger la madera de tales factores. Los acabados al aceite y cera cubren bien las dos primeras necesidades, mientras que los acabados tipo barniz además ofrecen esa "piel extra" que la defenderá de los roces.

Si bien es cierto que en determinados casos, como ocurre con las tapas de los instrumentos acústicos, la dureza del muro más o menos transparente que ofrecen los barnices es necesaria para proteger maderas muy blandas y delicadas, no hay que olvidar que ésta resulta muy limitada y no podrá hacer gran cosa ante los golpes y arañazos producidos por materiales más duros aparte de agrietarse, desprenderse o abollarse junto con la madera que cede, en cuyo caso las reparaciones resultan bastante complicadas. Por otro lado, el hecho de que los barnizados aislen la madera del exterior me produce la sensación de que le quitan libertad y la ahogan, como pretendiendo "congelarla" en el tiempo.

Los acabados con aceite y cera realzan la belleza natural de la madera y la protegen sin impedirnos el placer de su tacto, son completamente naturales y su cuidado y mantenimiento resulta muy sencillo.

En mi taller utilizo aceite de linaza, cera de abeja y cera carnauba. En guitarras y bajos (a excepción de las tapas de las acústicas, que barnizo con poliuretano) y en la mayor parte de las armas de entrenamiento doy primero varias capas de aceite y luego completo y pulo con un preparado casero de ceras. En ciertos wasters (espadas de entrenamiento de combate duro, como los Bokken, Bastardas y Sables de Duelo) omito el encerado ya que sus dueños suelen preferir reaceitarlas con mucha frecuencia, pese a que en mi opinión el reencerado ofrecería protección suficiente para unas maderas tan duras que lo único que necesitarán será mantener su grado interno de humedad.

El aceitado

Para aceitar utilizo una mezcla al 50% de Aceite de Linaza y Aguarrás puro (esencia de trementina, ¡no sustitutivos!) que caliento al baño maría y aplico con una brocha empapando toda la superficie. Luego dejo que la madera absorva lo que necesite. Si pasados unos 20 minutos parece que lo ha tomado todo, repito el proceso cuantas veces sea necesario hasta saturar la superficie de la madera. En caso de necesitar secar el sobrante lo hago con un trapo de algodón o papel.

¡IMPORTANTE! Los paños y papeles impregnados en aceite de linaza pueden entrar en combustión espontánea (no es broma) a temperatura ambiente, así que se ha de tener cuidado y empaparlos bien en agua antes de desecharlos (yo los voy guardando mojados en tarros de cristal con tapa que luego tiro cuando están llenos).

¡TAMBIÉN IMPORTANTE! Hay que utilizar aceite de linaza CRUDO. Aquel al que llaman cocido contiene secativos químicos tóxicos. El de linaza puro es ¡comestible! así que no hay ningún problema en que lo estemos tocando. Algo parecido ocurre con el aguarrás (eso sí: este no te lo bebas) que es una esencia vegetal pura en contraposición con el "sustituto de aguarrás", químico sintético.

El encerado

Una vez acabada la fase de aceitado cubro la superficie con polvo de piedra pómez que se mezcla con el excedente de aceite y froto con fuerza la pasta resultante con un trapo de algodón hasta dejar la madera pulida y seca. Es entonces cuando aplico la cera.

Se pueden encontrar preparados comerciales de ceras a tal efecto, pero yo prefiero hacer mi propia mezcla en la que incluyo cera de abeja, cera carnauba y esencias aromáticas. Todos conocemos la cera de abeja, pero quizá no sepamos lo que es la Carnauba. Consultando en la wikipedia encontraremos:

Cera carnaúba

La cera de carnaúba se obtiene de las hojas de la palma Copernica cerifera. Esta palma es endémica de Sudamérica y crece en la región de Ceará, al noreste de Brasil. Para evitar que la palma pierda agua durante la época de secas, que en la región noreste de Brasil dura hasta seis meses, la planta se cubre de una espesa capa de cera compuesta de ésteres, alcoholes y ácidos grasos de alto peso molecular. Una vez que se cortan las hojas, se secan y trituran para que la cera se desprenda.

Esta cera se conoce también como la "reina de las ceras", por sus características e infinidad de aplicaciones. La cera de carnaúba es reconocida por sus propiedades de brillo. Combina dureza con resistencia al desgaste. Su punto de fusión es 78-85 °C, el más alto entre las ceras naturales.

Los usos de la cera de carnaúba son diversos, desde aplicaciones alimenticias (chicles y chocolates confitados), hasta productos para obtener brillo como betunes y grasas para calzado, asì como ceras para pisos y automóviles, y en la industria estètica cremas y cosméticos (labiales y pinturas).

Preparación de la cera

Pesando los componentes en una báscula de cocina (en mi caso es utilizo la misma con la que peso las espadas y que tiene una precisión de 1g, pero no es necesaria mucha exactitud) junto en un tarro de cristal:

  • 1 parte de Cera Carnauba (en caso de no conseguir carnauba no hay problema en hacerlo sólo con cera de abeja).
  • 2 partes de Cera de Abeja
  • 12? (mejor ir probando, ya que no tengo el dato y lo hago "a ojo") partes de Esencia de Trementina (aguarrás puro)

(Los ingredientes se pueden encontrar en droguerías industriales como Riesgo, en Madrid.)

Lo caliento lentamente al baño maría hasta que se mezcla homogéneamente y ya está lista para ser aplicada. Se trata de que la mezcla seque sin endurecer demasiado en el frasco, de tal modo que podremos utilizarla sin necesidad de volver a calentarla. Si con el tiempo endureciese demasiado se puede volver a derretir cuando la vayamos a usar y de nuevo añadir un poco de aguarrás.

Aplicamos la cera, frotamos, frotamos y frotamos. Cambiamos a un trapo limpio y seguimos frotando hasta que parezca que hemos quitado la cera. Es entonces cuando habremos dejado una capa finísima, ni pegajosa ni con manchas, que es la única necesaria.

El mantenimiento de los acabados

El mantenimiento básicamente consiste en repetir periódicamente el acabado final. Al respecto el antiguo refrán de ebanistas reza:

  • Una vez al día durante una semana. Esta es la parte que me toca a mí :-)
  • Una vez a la semana durante un mes.
  • Una vez al mes durante un año.
  • Una vez al año durante toda la vida.

Quizá un poco exagerado en algunos casos, quizá sea poco en otros más extremos, finalmente es el tacto y la sensación de que la madera esté nutrida la que mandará. ¡Pero no hay que ser demasiado perezosos! De hecho, he podido comprobar cómo en algunos casos la falta de un encerado de mantenimiento junto con la sequedad del ambiente en el que se guardaba alguna jian (salones con aire acondicionado o casas en climas muy secos, por ejemplo) ha resecado tanto la madera que se han producido pequeñas grietas y deformaciones en las guardas (es necesario recordar que las espadas están hechas en un condiciones ambientales en constante cambio). Si bien esto no llega a poner en peligro la vida de la espada, es una lástima que por pereza o descuido dejemos que se nos afee así algo que ha sido hecho con tanto cuidado y que podría mantenerse toda una vida casi como el primer día :-P

En los acabados a la cera no es necesario eliminar la antigua para dar la nueva. Y tanto en éstos como en los de acéite sólo, si se quiere limpiar la superficie, podemos añadir al trapo de algodón con el que apliquemos el acabado en cuestión polvo de piedra pómez para pulir la madera.

Y por supuesto: frotar, frotar y frotar hasta que quemen las manos y la madera quede limpita, suave y resbaladiza.

¡Ánimo, paciencia y lustre!

NOTA

Es normal que, con los cambios de humedad y temperatura, se marquen los relieves entre las distintas maderas encoladas (en las espadas y sables entre los laminados del puño, las cachas y entre las piezas de la guarda). Es normal debido a los diferentes grados de contracción de cada madera, pero en un par de espadas (de las 140 o así que llevaré hechas hasta la fecha -oct. 2010) por algunas partes se ha llegado a despegar. No consigo averiguar la causa, si te ocurriese avísame, aunque que sólo ha sido en un par de ocasiones (y es que, hasta que no sepa porqué pasó, no me quedo tranquilo)


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